viernes, 23 de septiembre de 2016
La sencillez lo es todo.
Me ilusiono con cualquier tontería, por insignificante que sea: un viaje de dos días, redescubrir una canción, pasear a solas... Da igual que sean cosas que todo el mundo tenga al alcance de la mano cada uno de los días. Soy de ese grupo de privilegiados que disfruta con los pequeños detalles y deja las grandes empresas a gente más ambiciosa. Me conformo con poco pero a la vez no me conformo con nada. Esa es otra de las contradiciones a añadir a la lista.
Si no exiges nada a la vida, ella te irá dando pequeños momentos que tú convertirás en maravillosos. Cuanto menos exiges, más recibes o, como nos recordaba aquella famosa multinacional, no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
La verdadera sencillez sólo puede originarse interiormente y, desde ahí, llegar a su expresión externa. Lo que uno es en su interior, fluye al exterior.
jueves, 22 de septiembre de 2016
La jerarquía de las necesidades.
En una ocasión me explicaron la teoría de un sociólogo, un tal Maslow, que decía que todos buscamos las mismas siete cosas en la vida. Lo llamó "La jerarquía de las necesidades humanas".
Lo primero que buscamos es la supervivencia, la salud que nos permita seguir viviendo.
Lo segundo es la seguridad, sentirnos protegidos y a salvo en nuestro casa, nuestro hogar.
Después está el amor; según Maslow, nadie puede vivir sin tener amor (o, al menos, sin buscarlos).
La cuarta es el respeto, que los demás valoren lo que hacemos, nuestras decisiones aunque sean equivocadas.
Le sigue la necesidad de entender, de conseguir explicar por qué la gente toma decisiones que nos hacen daño.
La penúltima necesidad humana es la estética o espiritual, sentirnos parte de algo especial y único, el plan perfecto para nuestras vidas.
Por último, está la autorrealización, el intentar encontrar nuestra auténtica naturaleza, lo que nos define.
Pero yo creo que lo único que buscamos en la vida, lo único, es ver a la persona que queremos cuando abrimos los ojos por la mañana.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
A modo de presentación.
"Me cuesta mucho hablar de mí... pero si me lo preguntan soy una cotorra tremenda."
Comienza a convertirse en un chascarrillo. Cada vez que entro en una nueva red social, aparece esta frase. Información sobre mi, ahí suelo escribirla. Hay parte de verdad, mucho en realidad, en ella. No me resulta fácil hablar de mí pero no por nada en especial, solo porque no me resulta fácil hablar. Llevo mejor el dialogar, el intercambiar palabras, ideas, pensamiento y sentimientos con otros... tanto que a veces me cuesta parar, cual cotorra.
Creo que por eso comienzo este diario, este blog. Para ser capaz de hablar, para ser capaz de hablar de mí. Sin interlocutor al otro lado, sin nadie que conteste, replique o comience una conversación. El destinatario final de todo esto soy yo, aunque me gustaría compartir, conversar, comentar con más gente, con más amigos, con todo el que se atreva a conocerme las grandes o pequeñas cosas que me suceden.
Siembra un pensamiento y recoge una acción. Siembra una acción y recoge una costumbre. Siembra una costumbre y recoge un carácter. Siembra un carácter y recoge un destino.
Todos tenemos un lema, algo que es el motor de nuestras vidas. Este es el mío... O al menos procuro que lo sea. Tengo dos enemigas que me lo ponen difícil. Se hacen llamar Voluntad y Constancia. Más bien la falta de ellas es lo que no me permite alcanzar mis deseos las veces y en el modo en que quisiera. También es mi intención que este blog me ayude a convertirlas de enemigas en aliadas.
Si algo quiero compartir es que no se debe llorar sin aprender, no tener miedo a los recuerdos, sonreír a los problemas, luchar por lo que uno quiere, no abandonar por miedo. Convertir los sueños en realidades y no temer a la vida porque lo que la vida te da, también te lo quita. Procuro tener momentos para la gente que me quiere y, sobre todo, busco incansablemente la felicidad.
L.
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